
VIENTOS DE PAZ
Labrar el suelo fértil para lo que está listo para nacer
Kayala
2/8/2026
Vientos de Paz
Hay algo que lo recordamos sin activar el pensamiento racional, sin palabras, mirando lo amplio y conectado de las cosas, pensamiento sistémico: el pulso mismo de la vida. Nada empieza una sola vez. Todo está comenzando siempre, porque el origen no quedó atrás; se renueva en cada respiración, en cada decisión íntima, en cada gesto pequeño que vuelve a elegir estar aquí.
Los comienzos son eternos porque no pertenecen al tiempo lineal, sino al movimiento continuo de lo que se anima a nacer una y otra vez dentro de nosotros, y es la inteligencia de la propia creación en acción y pulsando manifestación.
Nuestro corazón permanece abierto cuando dejamos de defendernos del futuro y recordar con nostalgia y apego el pasado. Cuando no exigimos garantías y nos animamos a entrar despacio en el agua profunda de lo desconocido. Cuando aprendemos a reconocer que abrirnos no tiene que necesariamente exponernos al daño, y si, es la forma de activar la fertilidad.
Un corazón vivo no espera certezas: escucha, siente, responde. Se mantiene permeable porque confía en su capacidad de atravesar lo que quiera que venga, sin engañarse o ilusionarse de que todo será amable, porque sabe que todo puede ser integrado.
La perspectiva de que los límites son relativos se mantiene abierta cuando recordamos que la forma no es la esencia. Los límites, o como les llama mi amada Agus Bello, los bordes existen para dar contorno sin clausurar el movimiento, porque son flexibles y permeables.
Cada límite muestra una frontera momentánea del aprendizaje; no es una barrera, un muro, es un pasaje, un portal. Lo que hoy parece frontera, mañana se vuelve punto de apoyo y de inflexión. Lo que comienza en un nuevo nivel de madurez no es una etapa ruidosa ni espectacular. Es más bien un silencio distinto. Es una escucha profunda que aparece por detrás de lo aparente. Una manera más sobria de habitar lo que ya sabemos. La madurez no necesita endurecimiento: necesita que haya enfoque, precisión. Es una etapa en la que podemos elegir con menos urgencia y más verdad. Es un tiempo en el que podemos dejar de probar quienes somos para empezar a vivir lo que es.
La madurez receptiva es la capacidad de recibir sin apropiarse, de escuchar sin adelantarse, de permitir sin forzar. Es un estado donde la acción nace de la escucha y no de la carencia. No empuja: acompaña. No se defiende: confía en su centro.
Hay deseos que ya fueron cumplidos y no siempre se reconocen porque llegaron transformados. No vinieron como imaginábamos, pero trajeron exactamente la experiencia que nuestra alma estaba preparada para sostener. Lo cumplido no siempre se alborota y grita; a veces se manifiesta como una paz que ya no necesita demostrarse.
Lo que maduró es nuestra mirada. La forma en que entendemos los tiempos, los procesos y las esperas. Maduró nuestra paciencia, nuestra consciencia de La Paz, que ya no es una forma de resignación, es un profundo respeto por los ritmos y leyes de la naturaleza. Maduró la capacidad de no intervenir cuando no es necesario. Maduró el entendimiento de lo que es ser y dejar ser.
Y lo que se completó no es un ciclo externo, es una comprensión interna: ya no necesitamos cerrar desde la mente aquello que el cuerpo y el corazón ya integraron. Podemos registrar y reconocer que esta etapa de purificación terminó de acomodarse en su lugar. Por supuesto no para quedarnos fijos o creer que estamos iluminados, pero para dejar libre el espacio que se abrió para que llegue lo nuevo. Porque cuando algo se completa de verdad, no ocupa más energía: se vuelve suelo fértil para lo que sigue naciendo.
un espacio para mover tu energía,
recordar tu pertenencia y andar
tu camino con consciencia, integridad y espíritu.
Contacto
Suscribite al Newsletter
© 2026. Todos los derechos reservados.
Uruguay
esta web fue hecha por humano estudio creativo con mucho ♥
